El hijo
Señora, hoy me he llevado el susto más grande que se pueda imaginar. Estaba atareada en la cocina, como todas las mañanas, pelando patatas y lavando tomates, hablando con las cocineras de los chismes que corren por la ciudad –de esos que a todas nos entretienen y nos hacen gracia-, cuando al darme la vuelta me encuentro cara a cara, Dios nos ampare, con la viva imagen del señor don Martín en sus años mozos. Enfadado y muy serio estaba.